La conjura de los necios, ¿obra maestra? - Palabras En Cadena
4.9.20


Palabras en cadena la conjura de los necios




“Cuando en el mundo aparece un verdadero genio, puede identificársele por este signo:
todos los necios se conjuran contra él.
Johnathan Swift
«THOUGHTS ON VARIOUS SUBJECTS, MORAL AND DIVERTING”

John Kennedy Toole abre así La conjura de los necios mostrándonos lo que nos espera en la obra que tenemos entre manos, queridos lectores, porque en un libro todo es importante, desde el título hasta la trama, desde la calidad del papel hasta la cita que lo abre. 
Repasando mis notas de lectura me doy cuenta de que el entusiasmo de las primeras páginas lo pierdo conforme avanza mi lectura. Expectativas. Quizá las tenía demasiado altas. No adelantemos acontecimientos y vayamos a sus primeras páginas, que ya avanzaremos después hacia la pequeña decepción. 
Estamos en Nueva Orleans, me chiflan las obras que transcurren en esta ciudad, lo reconozco, un escenario ideal para la trama que me presenta. Nueva Orleans es tremendamente literaria, e Ignatius, nuestro estrafalario protagonista, necesita de ella. 
En este escenario y tras una serie de peripecias, divertidísimas, eso es cierto, el protagonista tiene que abandonar la comodidad de su cama y salir a trabajar, y ahí empieza el lector a conocer de manera profunda a Reilly.

¿La conjura de los necios es Ignatius Reilly? Podría parecer que este tipo grandote y extravagante que viste casi como un pordiosero y su extraño comportamiento son únicos protagonistas de La conjura de los necios. Ignatius y su comportamiento son, desde luego, el eje sobre el que todos los personajes y todas las acciones giran, pero esta novela tiene unos secundarios que refuerzan tanto la escena que sin ellos, el insufrible Reilly no es nada. Un egoísta necesita de ingenuos que le escuchen, un misógino maltratador necesita de una madre, un vago necesita de un jefe para sobrevivir, literariamente hablando. Sin unos buenos secundarios sería imposible crear un protagonista que cause tanta repulsión.



La primera parte de la novela es la sucesión de estos pintorescos personajes: Jones, un negro con gafas de sol que trabaja por poco dinero por temor a ser detenido por vago,  Lana Lee que debe cuidar de su inversión mientras vende pornografía o los peculiares personajes de la comisaría, Macuso incluido, la paciente madre de Ignatius, el nuevo jefe,  la adorable Trixie, etc. La conjura de los necios es mucho más que Ignatius Really. Todos y cada uno de los personajes del libro nos representan. El microcosmos creado por Toole es la sociedad. El ego de unos frente al miedo de otros. El abuso de estos frente al color de piel de aquellos. La lucha por un poquito de libertad de ella frente a la misoginia de él. Todo está entre las hojas de esta novela; machismo, racismo, clasismo, esclavitud modernizada. Y aquí, en esta denuncia, juega el autor su mejor baza, la de hacerte reír a carcajadas a pesar de…
A veces te sientes transportada al camarote de los hermanos Marx. Situaciones elevadas a lo ridículo de manera sensata. 
Vuelvo la vista atrás y descubro que me gustó mucho la construcción de los personajes y la evolución de los mismos a lo largo del libro. Me sorprendió la forma de criticar la caridad mal entendida, la soberbia que se destila al pasar por la universidad, la defensa de los desfavorecidos solo para hacernos sentir mejor, la dominancia parterna o materna, el racismo, el machismo y todos los ismos...
Me gustó el tono irónico en el que está escrito pero, está vez hay un pero, reconozco que me cansó un poco al final el repetitivo personaje de Ignatius, algunos personajes, como profesor universitario, cuya presencia no entendí, y escenas prolongadas de manera poco natural. Mi sensación al terminarlo fue que pese a ser una buena obra está algo sobrevalorada. 
Aún así, buena y amena lectura. 



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