Nada de Carmen Laforet, reseña - Palabras En Cadena
3.4.21


Una Andrea ilusionada que llega a Barcelona para estudiar letras abre la historia de Nada. Ya desde el principio Nada, de Carmen Laforet, te convence por sus descripciones. Laforet, en esa llegada es capaz de pasar con las palabras de la emoción al quebranto. Porque pronto, demasiado pronto, esa ilusión se resquebraja al cruzar la puerta de la sórdida vivienda de la calle Aribau, poblado por unos seres que andan en perfecta consonancia con el piso, todo es sucio y oscuro, hasta sus habitantes. Sus parientes, con los que Andrea debe compartir el micro escenario en el que sucede la acción de la primera parte del libro, muestran la misma decadencia que las habitaciones que les rodean. Y no solo a nivel físico… El deterioro humano que Laforet nos muestra va mucho más allá del aspecto. Profundiza. Hace temblar al lector dotando a esos seres de miseria por dentro y por fuera. 

Con el piso de la calle Aribau como un protagonista más de esta historia, una jovencísima Carmen Laforet nos narra con maestría una parte importante nuestra historia, el día a día de España en la postguerra tal y como lo ve una universitaria recién llegada a Barcelona con una ganas tremendas de comerse el mundo. 

«Nada» se estudia en los institutos y a mí no me extraña, porque es un texto que esconde mucho más de lo que cuenta. Rara vez se detiene Laforet a narrar los hechos de la guerra, pero ahí está, suspendida en el aire impregnando cada página de esta novela. 

Todo en esta obra está bien hilado, desde la estructura en tres partes que nos muestran el encierro al llegar, (planteamiento), la salida hacia el exterior de la ciudad apareciendo una luz que viene acompañada de nuevas amistades, (nudo), y un final abierto a la esperanza. (Desenlace) 

Me ha sorprendido mucho la perfecta armonía entre los físico y lo psicológico de los personajes. Los personajes oscuros los son por dentro y por fuera. Los personajes más limpios se muestran al lector con diálogos alegres y ropas coloridas.  Laforet combina una descripción exterior con el interior de cada habitante de esta novela consiguiendo dotar de vida incluso a lo que carece de ella. 

En cuanto a la prosa, es sencilla y complicada a la vez. Nueva sorpresa que he descubierto en esta segunda lectura. La aparente sencillez narrativa con un lenguaje llano, coloquial, se enriquece con recursos muy poéticos. Metáforas, personificaciones y breves flasback enriquecen mucho un estilo narrativo muy personal. Lo gótico y lo realista conviven en sus páginas de manera natural. Una se acuerda de Poe por momentos, sobre todo al principio de la obra para olvidarse de él mientras avanza la lectura. Y no chirría. Qué gran autora capaz de mezclar estilos y recursos. 

Me ha encantado volver a leer nada, era la segunda lectura, porque he disfrutado más de sus recovecos e intrigas. Me he detenido es sus escenas y escenarios. Me he Adentrado con paso más firme en los diferentes personajes. Sin duda, es una lectura casi obligatoria. 

No recuerdo si leí Nada de Carmen Laforet en el instituto, creo que no, pero me hubiera gustado hacerlo con los ojos de una joven que va a abandonar el pueblo para irse a una gran ciudad. 

 

2 comentarios:

Unknown dijo...

Ale, ya me ha picado el gusanillo. Me recuerda mucho mi llegada, en este caso a Madrid.
Ahora no me va a quedar mas remedio que buscar el libro. Grrrr, contenta puedes estar. Abrazos. Iñaki

RitaPiedrafita dijo...

Jajajaaj
Aquellos maravillsoso años por las calles de ¿San Blas?
Un abrazo fuerte, Iñaki