17.1.18



Hoy he cambiado mi forma de leer Auster, en realidad lo he leído de dos formas diferentes. Tenía en mente leer Leviatán, y recordé que en mi estantería Navona, sí, tengo una estantería dedicada en exclusiva a esta editorial, había una novela gráfica… No dudé. Hay un momento para cada lectura y este momento, sin duda, era ideal para volver al cómic.

¡Pensado y hecho! Antes de abrir Leviatán comencé, y terminé el mismo día porque me sentí fascinada, La ciudad de Cristal de Navona_Gráfica.
Esta novela abre la famosísima trilogía de Paul Auster, Trilogía de Nueva York, y no sé muy bien si encasillarla en el estante de novela negra. Me pasa con Auster. Tiene una forma asombrosa de hacer novela de género. Sus tramas encierran algo más que la investigación de un caso… Como las buenas novelas negras.

Me adentro en el cómic, o novela gráfica que se estila decir ahora, y descubro una buena historia.

“Todo empezó por un número equivocado, el teléfono sonó tres veces en mitad de la noche y la voz al otro lado preguntó por alguien que no era él”
Y tras esa llamada, la aburrida vida de Quinn, que primero dice no ser Auster pero luego se “desdobla” en él, da un giro. Y a partir de ahí, Auster nos introduce en esa ciudad de cristal llena de personajes que no son, o que son dos. El desdoble de personajes es continuo en esta obra, casi parece un homenaje a ese juego de la literatura clásica.

De una historia en principio sencilla, Quinn, ahora convertido en Paul Auster, debe investigar a Peter Stillman (padre) para ver sus intenciones con respecto a Peter Stillman(hijo) tras salir de la cárcel… Así me topo con un personaje que se desdobla continuamente en otros personajes de la misma novela. El Daniel Quinn escritor de repente es Paul Auster, un alter ego del personaje principal de las novelas de Quinn, el detective Max Work… ¿Parece complicado? Pues en un momento de la trama es también Stillman… Y el lector lo capta, lo entiende, lo sigue sin dificultad.

Así, con un puñado de personajes perfecta e inteligentemente trazados, voy descubriendo el “caso” teniendo Nueva York a mis pies. ¿Qué más puedo pedir?
Puedo pedir, ya que me pongo, un dibujo que me haga pararme en cada viñeta. Y ahí entran David Mazzucchelli y Paul Karasik que entienden el juego de paralelismos creado por Auster y lo plasman en un dibujo repleto de simbolismo, mundos paralelos y laberínticas imágenes pese a su trazo aparentemente sencillo. Sorprendida, boquiabierta y encantada. Esa ha sido mi reacción al observar este volumen. 







Más allá del dibujo o de la propia trama esta es una novela de homenajes literarios que el lector debe descubrir… Ahora, si me disculpáis tengo que leer la novela que dio paso a esta pequeña obra de arte.

Breve reseña del dibujo (Juanfer Briones, Dibujante)

Hablar de Paul Karasik y David Mazzuccheli  es hablar de dos profesores de la Escuela de Artes Visuales de Nueva York. Más conocido Mazzuccheli por su trabajo junto a Frank Miller en Batman año uno para DC y Daredevil: Born Again para Marvel.
En esta ocasión el tandém Karasik, autor de los bocetos  de las páginas, y Mazzucheli, autor de los dibujos finales nos enamora desde la narrativa del primero y el trazo del segundo. Karasik plantea la narración partiendo de un esquema de 3x3 viñetas idénticas en tamaño que altera según el curso de la narración pero al que retorna de forma recurrente  con composiciones cada vez más  sugerentes. 
Destaca la narración gráfica y la gestión del blanco y negro, que  crea ambientes, incluso estados de ánimo en el lector, con aportaciones interesantísimas, recordándonos  el cómic underground de los 80.

 “Auster me pidió que no alterara el mismo pero que lo cortara tanto como necesitara” nos dice Karasik hablando del texto,  y es de agradecer que la adaptación no tenga un exceso de texto sino que encaje perfectamente en lo que se espera de una novela gráfica y, como dice Art Spiegelman (Autor de “Maus”) en la introducción con la que Navona abre este volumen “Esta obra nos ofrece una de las demostraciones más ricas  que se hayan dado hasta la fecha del moderno “Ikonologosplatt” en su forma más sutil y adaptable.
Estamos de acuerdo ;)








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