17.7.18



Fue en un pueblo con mar, una noche después de un concierto 
Tú reinabas detrás de la barra del único bar que vimos abierto… 
Y a partir de ahí, "Los secretos" nos mostraban una canción intima, casi de culto y Sabina sacaba su lado canalla recordándonos a todos lo maravilloso que es que te den las 10 y las 11, las 12, la 1, las 2 y las 3… 

No penséis que me he vuelto loca y voy a empezar a hablar de música, no. Pero a veces la música y la literatura van de la mano, si no, que se lo pregunten al mal otorgado premio Nobel de literatura Dylan”.  

No penséis que me he vuelto loca, no. Es que leer El crimen del conde de Neville de Amélie Nothomb me ha hecho recodar la historia de Ojos de gata 

Nothomb juega con la misma idea con la que jugaron Sabina y Urquijo, una historia común contada a la manera de cada cual. Y para jugar escoge a uno de los mejores, a Oscar Wilde y su relato «El crimen de Lord Arthur Saville». El principio es común; Si en la obra de Wilde, Arthur Saville visita a un quiromante que le predice un crimen futuro, cometido por el propio Saville y a partir de ese momento la obsesión de nuestro protagonista le da más de un quebradero de cabeza, en la obra de Nothomb, una vidente predice el mismo futuro al conde Neville…Un crimen cometido por él. Mismo comienzo, misma obsesión, misma critica. Porque esa predicción sirve de excusa a ambos autores para denunciar la moralidad, en este caso amoralidad, de los protagonistas. Rectitud en su comportamiento y en su cumplimiento con una sociedad frívola, pero indecencia a la hora de planificar el crimen, hasta el punto de escoger cuál de sus amigos se merece más morir, por una ridícula superstición.  

Pero la autora belga llega más allá, la literatura evoluciona, y da una inquietante vuelta de tuerca al argumento colando en su trama a Sérieuse, hija del conde Neville, que roba el protagonismo de la obra a su padre mientras nos muestra una adolescencia tensada hasta límites insospechados. La rebeldía en ella se transforma en maldad. 

Partiendo de una misma idea, Amélie crea una obra inquietante, cargada de ingenio, ironía y sobretodo, de inteligencia, (véase sólo la elección de los nombres, Orestes y Elektra, de los hermanos perfectos de Sérieuse), en la que predominan unos diálogos perfectos que llevan el peso narrativo.  

- ¿Quieres casarte conmigo? -Eres la única que pide mi mano. -Estás ciega, Elektra. Todos están locos por ti, pero no se atreven a abordarte. -¿Por qué? -Porque eres ideal y ellos son mediocres. Los he estado observando. No tiene ningún problema para cortejar a las chicas apenas guapas. Pero se acercan a darme la lata mí, cuando se trata de tu esplendor, y luego se agarran a la primera Marie-Astrid o Anne-Solagne que se les pone a tiro. - ¿Qué me aconsejas? -Cásate conmigo.  
          
  
Es el crimen del conde Neville una obra sencilla, de lectura rápida, pero compleja. Ficción mezclada con realidad. Humor y dolor. Un cóctel de sensaciones y palabras preparado con maestría. Es una fábula. Un cuento. Es la demostración de que lo bueno si breve, y ahora incluyo las dos obras, 54 páginas para Wilde, 113 para Nothomb, dos veces bueno. Porque con poco ambos autores nos cuentan mucho. Escriben entre líneas para que leamos entre líneas. Como debe ser en la novela corta.  



Que Oscar Wilde escribe bien lo sabemos todos, que Amélie Nothomb le rinde homenaje mimetizándose con uno de nuestros clásicos preferidos y consigue salir por la puerta grande, tal vez no sea tan conocido… Y debería.  

Rebelde y perversa, esta obra debe ser leída. Porque nos merecemos disfrutar mientras lo hacemos.  
Porque nos gusta “Ojos de gata” pero cantamos en alto “Y nos dieron las 10” de madrugada.  




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