26.1.18




¿Quién dijo que había que leer a Joyce, aclaro tras esto que a mi Dublineses me encanta, para amar la literatura? ¿Quién sentenció que hay que hacer llorar al lector? ¿Quién fue el primero que confundió el pensamiento filosófico más elevado con leer un libro? Pensemos… Pensemos un poco más… Nada. Por más que me esfuerzo no encuentro una respuesta correcta a mis preguntas, por eso os pido ayuda, lectores que seguís mis artículos con interés. No sé quién, quienes dijeron primero eso, aunque sí sé de algún “cultureta de gimnasio” que lo afirma. No lo sé y lo que es peor (para mi mejor, sin duda) no me interesa.

Tampoco me interesan esas voces que deciden imponerme la forma de leer. ¿Qué lees el digital? O sea, de verdad, te lo juro, no me lo esperaba. ¡¿Escuchas audiolibros?! UY; muerto me dejas. Pues sí, personajes del mundillo literario, leo en papel, en digital y escucho audiolibros. Y ojo a lo que os cuento, porque no soy un espécimen en vías de extinción. ¿Cómo se os queda el cuerpo?

Y es que cada libro tiene un momento y un modo diferente de enfrentarse a él.
Yo sentía curiosidad por “Enterrado en vida” de Arnold Bennett, pero mi nuevo y estresante ritmo de lectura me impedía sacar el tiempo necesario para leerlo, así que decidí hacerlo mientras entrenaba, ¿quién dijo miedo? Movil, App de Storytell y a correr. Fue un error. Este audiolibro, narrado con una sola voz por David Lorenzo es tremendamente divertido. (Recordad ahora las primeras preguntas que os hacía al comienzo de este articulo-reseña). Es tan divertido que tuve que escucharlo en casa, porque leer Enterrado en vida es diversión asegurada.

El argumento es sencillo, yo diría que hasta manido: Priam Farll, el más afamado pinbtor de Inglaterra, pero también el más tímido y solitario, ve la oportunidad de dar un giro a su vida tras la muerte de su criado, Henry Leek. Nadie conoce el verdadero aspecto de Farll, así que ¿Por qué no cambiar su vida por la del finado?


A partir de aquí, Bennett nos presenta una comedia de enredo y crítica. Te sientes atrapado no solo por la prosa fluida de Arnold Bennett, sino también por su sarcasmo.
El autor sabe explotar al máximo a su protagonista, y usa ese retraimiento natural del mismo para colocarlo en situaciones y escenarios tan mundanos para nosotros como imposibles para Farll. Así, un banco es casi un zoo para nuestro pintor, y un club de ricachones es un nido de insectos. Y te ríes por esa forma tan natural de exagerar las cosas que tiene este autor. NO te queda otra que reírte, aunque Farll está ridiculizando a una sociedad que podría ser la nuestra. Y eso duele. ¡Vaya! Se me ha olvidado comentar que esta obra fue escrita en 1908… ¿Veis porque duele?

El motivo de mi dolor es leer esto
“Priam se estaba comportando de una manera muy poco razonable. No tenía derecho a mostrar su mal humor en un banco completamente inocente, que pagaba un veinticinco por ciento de interés a sus accionistas y mil libras al año a cada uno de sus directores, y repartía después las migajas que quedaban entre los hombres que tenía encerrados en aquellas jaulas. Pero Priam no era como tú, lector, ni como yo. Priam no actuaba siempre conforme a razón. No podía mostrarse iracundo solo con un hombre o solo con una institución. Cuando estaba furioso, estaba furioso con todo y contra todo; y ni siquiera escapaban a su ira el sol, la luna y las estrellas.”

Y pensar, ay, que poquito ha cambiado la cosa.

Un libro ha de saber envejecer y Enterrado en vida lo ha hecho. Escenas cómicas que esconden una crítica feroz.El mundo del arte, el de la justicia, el capitalismo… Nada escapa a la sagaz visión de Priam Farll. Ese tipo de literatura, me ha recordado mucho a esa literatura tan sagaz que hizo Stella Gibbons, que se está perdiendo. La sátira de calidad, la ironía escrita, la crítica mordaz…
Ahora solo que queda hablar brevemente de la narración, porque Davis Lorenzo, en una narración sin aspavientos, sin altibajo y con la fluidez medida de quien sabe leer me ha transportado con su vos al teatro. He sentido en todo momento estar en la silla destartalada de un antiguo corral de comedias. Disfrutando. Llorando de risa.

¿Quién fue el primero que dijo que literatura de calidad y risas estaban reñidas?

Yo no lo sé, lectores. No lo sé,  ni me interesa. 

(Y para los que prefieran leer, Impedimenta tiene una edicion preciosa) 






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