30 octubre 2017

Entrevista de Rita Piedrafita, Palabras en Cadena, a David Vicente, premio Novela Corta 2017 ciudad de Barbastro.

Me aproximo por primera vez a una novela de David Vicente, pese a que le sigo, a que sé quién es. Sé que ha tenido reconocimientos, pese a su Juventud, en un país en el que literariamente hablando tendemos a reconocer tarde.
Su obra Un pequeño paso para el hombre (2012) fue seleccionada como uno de los cinco mejores debuts literarios en ese mismo año por El Cultural de El Mundo. Pero yo no me aproximo a David a través de esa obra, lo hago a través de Isbrúk, novela ganadora del Premio Novela Corta Ciudad deBarbastro.
Leo la obra y preparo la entrevista mientras vuelvo a leer la obra. Buena señal.

*Soy de Barbastro y siempre me sorprende la calidad de “nuestro” premio. Barbastro sigue apostando por la calidad en sus obras premiadas. ¿Crees que es importante mantener acciones que fomenten la cultura, sobre todo de una cultura de calidad?

No, creo que la cultura hay que arrinconarla lo máximo posible y darla de lado. (Risas). Es una broma. Por supuesto que sí. La cultura, y más en los tiempos que corren, es un refugio, de algún modo una forma de resistencia y de supervivencia contra todo lo que nos rodea. Que una población como Barbastro haga una apuesta tan importante por ella, y en concreto por la literatura, es admirable y desde luego es de agradecer. Una referencia para otras muchas ciudades, sin duda.

*¿Qué siente un escritor joven como tú, cuando recibe un premio  como este? ¿Cómo se cuelga el teléfono tras esa llamada?

Si consideramos joven esa juventud de hoy en día donde los cincuenta son los nuevos cuarenta y los cuarenta los nuevos treinta, pues te acepto el cumplido. 
Bromas al margen, imagínate: una inmensa alegría y una grata sorpresa. Obviamente sabía que estaba entre los finalistas porque el Ayuntamiento lo colgó unos días antes en su página web y estuve todo el día pendiente del fallo del jurado. Pero no sé por qué me hice a la idea de que me llamarían antes de mediodía en caso de ser el galardonado. Cuando no lo hicieron, pensé que había sido otra novela la elegida. Así que cuando sonó el teléfono sobre las 18:00 h. y la presidenta del jurado, Carmen Valcárcel, me lo comunicó, creo que dije algún tipo de exabrupto cariñoso. Recuerdo que me dijo lo que iba a comentar sobre la obra en rueda de prensa para ver si estaba de acuerdo y no destrozar nada de la novela y le dije que no podía escucharla de lo nervioso que estaba. Tuvo que volver a llamarme otra vez a los pocos minutos para ver si me había tranquilizado. (Risas).

*Voy a ser sincera, Faulkner, Rulfo, Bolaño… Me he acordado de varios “grandes autores” mientras te leía. Corrígeme si me equivoco…
Pues no sé si te equivocas, pero si es así, no seré yo quien te rectifique (risas). Que mi nombre aparezca asociado al de ellos en una entrevista, ya es un absoluto privilegio.
Cualquiera de los tres es un referente. También muchos otros: Hemingway, Carver, Capote, Cèline…, y tantos y tantos otros.

*Novela corta, lo bueno si breve, dos veces bueno; ¿Siempre?
Entrevista de Rita Piedrafita, Palabras en Cadena, a David Vicente, premio Novela Corta 2017 ciudad de Barbastro.
Chejov decía que el arte de escribir consiste en decir mucho con pocas palabras. Yo también lo creo. Sin que eso signifique que no haya historias que necesiten muchas palabras para ser contadas. El trabajo de escritor, en todo caso, es principalmente un trabajo de poda y de elegir las palabras correctas y eliminar las que son accesorias.
Soy un enamorado de los cuentos y de esa distancia la nouvelle (que llaman los franceses), o novela breve que, desafortunadamente, en España no tiene quizá toda la aceptación que debería.
Muchas grandes obras se quedan en un cajón porque editorialmente hay pocos editores que se atrevan a publicar ese tipo de novelas.

*Tu novela es íntima, sensible, atmosférica, diría yo. ¿Busca el autor algo más que una historia?

Creo que cualquier autor busca algo más que contar una historia. Decía Ray Loriga en un artículo algo así como que quizá la literatura sea poner en palabras de uno los sentimientos de otro. Estoy de acuerdo.

*La muerte en la literatura. Tu novela arranca hablando de la muerte y esta fluye a los largo de sus páginas. ¿Habría literatura sin muerte?

Bueno, la muerte es parte de la vida, inevitablemente. Mi novela habla de la muerte, pero también, en el fondo, es un canto a la vida. O eso quiero creer.
No sé si habría literatura sin muerte. Lo que es cierto es que la muerte es una de las grandes preocupaciones del hombre, no en vano nos hemos inventado la religión para buscar un consuelo ante ella, y es probable que lo siga siendo siempre.

*Un estilo narrativo lleno de recursos literarios. Casi sorprende. Tal vez el lector de hoy no busca eso. Mójate: ¿buscamos lecturas más ligeras, que no nos hagan PENSAR?

En primer lugar, agradezco el comentario con respecto a mi obra, si eso es así. En lo que se refiere a los lectores, sería por mi parte un menosprecio hacia ellos decir que buscan algo que no les haga pensar, o que no están preparados para asumir obras, digamos, más reflexivas. No lo creo.
Otra cosa es que haya momentos para todo y que a veces uno prefiera novelas que, digamos, apuestan por un entretenimiento más ligero, como tú dices. Pero creo que todo es compatible. Por poner un ejemplo cinematográfico, creo que está bien el cine de Haneke y también el de las hermanas Wachowski.
Pero, como te decía antes, toda buena obra creo que encierra dentro de ella algo más que un mero entretenimiento ligero.

*Dejamos de lado Isbrük y nos vamos con otras obras. La curiosidad me puede: “Esto podría ser un gambito de dama, pero es una canción de amor” es uno de los títulos más curiosos que jamás encontré. Dime el por qué.

(Risas). Sí, tuve que “pelearme” con la editorial para mantenerlo. Resumiendo mucho, la trama de la novela se lanza tras la huida de una ajedrecista soviética en la Olimpiada de Ajedrez de Salónica de 1988. Gambito de dama es una de las aperturas más utilizadas en ajedrez, que implica el sacrificio de una pieza, en este caso un peón.





Aunque el ajedrez dentro de la novela, como digo, no es más que una excusa para lanzar la trama. La novela tiene un poco de partida de ajedrez, con muchos personajes que son sacrificados en el tablero de la vida (permíteme el tópico). Pero finalmente es una novela, creo que al igual que Isbrük, que no deja de ser, a su manera, una canción de amor.
Me gustaba jugar con esos dos términos que, en principio, son completamente dispares y de difícil unión dentro de la misma frase.

*Corrector, editor, lector, escritor, guionista, articulista… tu vida son palabras. Vocación, supongo.

Sí, supongo que sí. Luego además la vida también te coloca en uno u otro lado de manera un tanto azarosa. Pero, desde luego, la vocación está ahí.

*Leyéndote me doy cuenta de que bebes de los clásicos, pero también de aquellos que han “roto” las reglas de la literatura. Recomienda un libro. Qué eliges, ¿Un clásico o un contemporáneo? (No se te olvide poner un libro jajaja)

Los clásicos son imprescindibles. Por otro lado, creo que uno está obligado a intentar —digo intentar que no conseguir— escribir como si pudiese crear algo nuevo. Me gustan los autores que juegan con las normas, que intentan explorar otros caminos.
Recomendar un solo libro, incluso un solo autor, y sin querer evitar la respuesta, me resulta imposible. Cualquiera de los que hemos comentado antes: Carver, Hemingway, Capote, Faulkner, Bukowski, incluso. De verdad, son tantos.
No lo sé, por decir uno rápido —antes de que me arrepienta— y por apostar por el relato, un formato breve quizá menos popular en nuestro país, De qué hablamos cuando hablamos deamor, de Raymond Carver.

*Tienes publicada, junto a tu hijo, una obra de teatro para niños… Los niños leen, pero poco a poco abandonan. ¿Existe una solución para eso?

Sí, La hormiga que quiso ser persona, que además llevamos a los escenarios con los integrantes del grupo de teatro de La Posada de Hojalata y la dirección de María Eugenia Muñoz.
Fue algo muy especial y muy curioso. La editorial Inventa me propuso hacer una obra de teatro para niños. Yo nunca había escrito textos infantiles, a pesar de tener tres hijos. Se agotaba el plazo de entrega y no tenía nada. De pronto se me ocurrió un cuento a partir de unas ilustraciones que había realizado mi hijo Bruno —a él le encanta dibujar—. Entregué el texto, les encantó y les conté cómo había surgido. Todavía les encantó mucho más y decidieron incluir las ilustraciones de Bruno para acompañarlo para mi sorpresa.  Como te puedes imaginar es un libro al que le tengo un cariño muy especial.
Pero, perdona, me he salido de la pregunta. ¿Qué se ha de hacer para fomentar la lectura entre los más pequeños? Nuevamente parafraseando a Ray Loriga —otro referente, sobre todo hasta El hombre que Inventó Manhattan—, no soy de los que predican, soy de los que rezan. Así que partiendo de la base de que no soy quién para dar consejos a nadie, pienso que debemos permitir sin ningún complejo la posibilidad de que el niño falle, de que el niño yerre. Permitirle que experimente y exprese su visión del mundo a todos los niveles. La humanidad ha avanzado gracias al error y gracias a pensar que había otras posibilidades.
Tampoco soy, a pesar de ser un enamorado de la lectura, quien ve en ella el remedio a todos los males. Desde luego, obligar a leer no creo que sea la solución. Convencer siempre es mejor que vencer. Debemos buscar maneras de que los niños vean en los libros un elemento lúdico, que en ningún caso creo que sea incompatible con las nuevas tecnologías. No podemos negarles la posibilidad de vivir en el mundo que les ha tocado.

Gracias David, por dejar que me (nos) acerque (mos)  un poquito más a ti.

Gracias a ti (vosotros). Ha sido un placer.







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